“Luego culpamos a JAPAMI… ¡pero miren lo que aventamos al drenaje!”: Doña Verdades pone el dedo en la basura
Imagen ilustrativa de una rejilla de drenaje pluvial con hojas y residuos junto a una calle mojada por la lluvia
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“Luego culpamos a JAPAMI… ¡pero miren lo que aventamos al drenaje!”: Doña Verdades pone el dedo en la basura

IRAPUATO, GTO.— Cuando llegan las lluvias y el agua comienza a acumularse en calles y banquetas, las críticas contra JAPAMI se multiplican en redes sociales. Pero una publicación de ‘Doña Verdades’, colaboradora vecinal y personaje editorial del portal En Tinta Negra, abrió otro frente en la conversación: lo que la propia ciudadanía arroja a coladeras, excusados y drenajes.

Bajo el título ‘Luego culpamos a JAPAMI… ¡pero miren lo que aventamos al drenaje!’, el personaje cuestionó que, al realizarse labores de limpieza en cárcamos, aparezcan pañales, toallitas, bolsas y residuos de todo tipo.

‘Llueve tantito, se encharca la calle y de inmediato salen los expertos de Facebook: “¡JAPAMI no sirve!”, “¡que limpien los drenajes!”, “¡para eso pagamos!”’, plantea la publicación. Sin embargo, añade que el problema no puede explicarse sin mirar los desperdicios que terminan dentro de la infraestructura de drenaje.

El mensaje también deja claro que exigir resultados a la autoridad es válido, pero no elimina la responsabilidad individual. ‘JAPAMI tendrá mucho que explicar cuando le toque, pero nuestros cochineros también. Porque ningún funcionario fue casa por casa echando pañales al drenaje’, sostiene la columna.

La reflexión llega en un momento en el que los encharcamientos vuelven a encender el debate público en Irapuato. La postura de Doña Verdades no pretende eximir a las autoridades de mantenimiento, prevención y atención oportuna; busca recordar que una coladera no es un basurero y que los residuos arrojados desde casas, comercios y calles terminan afectando a toda la ciudad.

Pañales, toallitas húmedas, bolsas, restos de comida, aceite y basura en general pueden obstruir tuberías, rejillas y sistemas de desagüe. Cuando la lluvia arrastra esos desechos, el resultado puede ser agua estancada, malos olores, desbordamientos y un problema que termina pagando la comunidad.

El llamado es sencillo: exigir a JAPAMI que cumpla con su función, pero también dejar de convertir el drenaje en un depósito de basura. Como remata la publicación: entre tanta toallita, pañal y residuo atorado en los cárcamos, el drenaje no solamente termina sacando agua; también deja al descubierto los ‘trapitos sucios’ de quienes lo contaminan.

Nota basada en la columna/opinión publicada por Doña Verdades, personaje editorial de En Tinta Negra.

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